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Facebook, Twitter, Instagram y WhastApp: ¿cuántos seguidores tienen?

Cuatro de las principales plataformas sociales más exitosas pertenecen a la misma empresa

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ABC – J.M. Sánchez

Dicen que las líneas aéreas tardaron la friolera de 68 años en acumular sus primeros cincuenta millones de usuarios. La televisión, uno de los inventos más reseñables del siglo XX, lo logró en tan solo veintidós. El teléfono móvil, posiblemente lo más revolucionario que le ha sucedido a la sociedad en siglos de existencia, tuvo que experimentar doce años para escalar hasta ese podio. Las redes sociales, sin embargo, han acortado esos plazos.

En la economía de las aplicaciones y servicios digitales, marcas como YouTube, esa plataforma de videos que a su alrededor viran los nuevos creadores de contenido, registró sus primeros cincuenta millones de usuarios en solo cuatro año de existencia. Un gran logro, eclipsado sin embargo por otras marcas como Facebook (lo hizo en tres años) y Twitter (en dos años). Uno de los mayores fenómenos de los últimos años, el videojuego móvil «Pokémon Go», marcó una cifra aún más corta: ¡¡19 días!!

El debate es irreal y ficticio, en realidad, puesto que los productos y servicios que alcanzaron con anterioridad al tsunami digital los cincuenta millones de clientes intervenía el pago como elemento diferencial. No es lo mismo, en efecto, pagar por algo que hacerlo de manera supuestamente gratuita. El gran logro de las plataformas sociales ha sido enmascarar un negocio rentable bajo su consumo por necesidad.

Las redes sociales han cautivado a la sociedad. La ha empujado a un nuevo hábito que se maneja de manera casi inconsciente; compartir contenido, mirar fotografías publicadas por personas ajenas (algunas, incluso, que no guardan relación de amistad en la vida real), escribir sobre cualquier cosa (la que sea, en efecto). Un mundo del que firmas como Facebook han sacado provecho. La multinacional estadounidense acumula más de 2.130 millones de seguidores en todo el mundo. Que se dice pronto, pero que representa una cuarta parte de ese planeta que siempre ha mirado más allá de la luna.

Su crecimiento es de verdad incuestionable. Incuestionable y exponencial, marcando siempre un ritmo vertiginoso, rompiendo récords y siempre apuntando hacia el infinito. No ha habido techo que se le resista en sus catorce años de existencia. Ni tan siquiera la crisis de las «fake news» y su posible complacencia sobre la injerencia rusa en las elecciones presidenciales le ha pasado factura. Al menos en parte, porque en el último trimestre se ha dejado más de un millón de usuarios en su principal territorio, EE.UU. ganado sin embargo a nivel global. Que la plataforma haya reducido en más de 50 millones de horas el tiempo dedicado entre sus usuarios tampoco representa ningún caos.

Eso sí, las previsiones no son tan optimistas. Los expertos apuntan a que a partir de ahora (se irá viendo a lo largo de 2018) Facebook se encontrará en un problema gordo por culpa de la brecha generacional. La mayoría de sus usuarios serán personas que rondan los cincuenta años. De nuevo, una cifra redonda, pero que marca un punto de inflexión en su trayectoria. Nadie puede criticar la falta de visión de su fundador, Mark Zuckerberg, en este negocio. La persona que ha creado una necesidad, que de una motivación sexual (acuérdense de cómo surgió Facebook) y que se ha convertido en una de las personas más ricas del mundo tiene muchos ases debajo de la manga.

Que luego no digan que el dinero no da la felicidad. La compra de Instagram, conocida red de fotografías, se ha llevado parte del pastel en ese trasvase generacional de usuarios. Con unos 800 millones de usuarios registrados, es uno de los servicios que más ha crecido en los últimos años y ha cautivado a un nuevo público. Su mayor aportación es la de haber creado una nuevas narrativas sobre algo que ya formaba parte de la vida de millones de personas, la fotografía. Y como en cualquier aspecto de la vida hay quien le encuentra el negocio, la camada de «instagramers» e «influencers» que ha aparecido han ganado dinerito gracias a acumular seguidores y a las marcas comerciales que encuentran ahí a su público potencial.

No hay que olvidarse de Snapchat, una de las pocas aplicaciones que ha puesto nervioso a «Zuck» en todo este tiempo. Su capacidad disruptiva, su original puesta en escena y el haber creado nuevos patrones sociales ha agitado los cimientos de las redes sociales y los servicios digitales. Con más de 300 millones de usuarios, la mayoría jóvenes e inquietos que desean sentirse alejados de sus padres, es otra de las que más ha crecido. Eso sí, se ha encontrado en la oposición a un gigante en forma de «Me gusta», que ha venido copiando algunas de sus funcionalidades más innovadoras (la mensajería efímera) a sus servicios. Ha llegado a Facebook, a Instagram y también a WhatsApp, de la que es propietario.

Porque la conocida «app» de mensajería también ha roto moldes. Fue criticada por su escasa seguridad tecnológica. En sus inicios se colapsaba casi diariamente. Pero ha creado escuela: mandar un mensaje por el móvil, al menos en España, no es mandar un mensaje por el móvil; es mandar un «wassap». Aprovechó la oportunidad de las infraestructuras de red, allanando el camino de las OTT -servicios Over-The-Top, aquellos que se brindan a través de internet- y condenando a los tradicionales SMS o mensajes de texto a un segundo plano, las comunicaciones oficiales.

Con más de 1.500 millones de seguidores en todo el mundo,es sin duda uno de los reyes digitales y la primera aplicación que se descargan los españoles cuando encienden por primera vez su dispositivo móvil. Está hermanada con Facebook Messenger (1.200 millones de usuarios), gracias en parte a que se ha convertido en el laboratorio de la compañía para probar futuras funciones y al separarse de la red social. WeChat (980 millones de usuarios), Telegram (100 millones de usuarios), Kik (300 millones de usuarios) Line (220 millones de usuarios), Skype (300 millones de usuarios) o Viber (263 millones de usuarios) son algunas de sus principales competidores, aunque no tienen mucha penetración en España.

Twitter, la conocida red de micromensajes, es ese servicio que todo el mundo sabe que existe, pero que pocos están dentro. Casi no crece a nivel de usuarios (330 millones, según el último balance oficial), pero al menos ha logrado que después de doce años la empresa sea rentable. Por primera vez ha ganado dinero (91 millones de dólares), lo que permite tranquilizar a los inversores. Es el patio de recreo, el lugar de la última hora, la red de la información. Pero aún así, no ha cautivado al público masivo. Dice su fundador y actual consejero delegado Jack Dorsey que el servicio es aún difícil de utilizar. Tal vez.

En los últimos años ha virado hacia las retransmisiones en directo de eventos, ha creado nuevas formas de interacción, nuevos códigos de conducta, ha aprendido del uso que sus usuarios le han dado a la plataforma. Todo ello en un paquete que quiere diferenciarse en base a su propia naturaleza. Aún así, forma parte del parque de servicios más populares. Entre algunas que se mantienen se encuentran LinkedIn, la red de los profesionales, que acumula unos 467 millones de seguidores; y Pinterest, con unos 200 millones de usuarios. En el cementerio digital se encuentran reposando decenas y centenares redes sociales que tuvieron su minuto de gloria. Marcaron, con todo, el camino al que hemos llegado. Apuntaron maneras, pero se vaciaron. Quién recuerda ya a MySpace, Google Plus, Foursquare, Tuenti o Flickr.

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CULTURA DIGITAL

Cómo nació el “envíamelo en PDF”

Mediatelecom Tecnología

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El País, José Canós

Las impresoras son el amigo invisible de los ordenadores. Su presencia en los hogares y lugares de trabajo es común, y en general requieren poca atención por parte del usuario (más allá de cargar papel y reemplazar cartuchos o tóneres), lo que hace que pocas veces se hable de ellas. Pese a lo apasionante que resulta la evolución del hardware de impresión (desde las impresoras de cinta o margarita hasta las recientes y revolucionarias impresoras 3D), hoy nos ocuparemos de la vertiente software, que tiene su enjundia.

¿Les suena la frase “necesitas instalar el driver”? ¡Ay, el driver! Conocida y temida palabra que representa algo que no sabemos exactamente lo que hace, pero sin el cual no podemos usar cierto hardware conectado a nuestro ordenador. Un driver(o controlador) de impresora es un software que convierte la estructura y contenido de un documento en una serie de instrucciones para la impresión del mismo en una impresora determinada. En los viejos tiempos, sólo se podían imprimir documentos usando caracteres, aunque con ligeras modificaciones (negrita, itálica, subrayado, etc.). Los controladores enviaban a las impresoras secuencias de texto que incluían caracteres de control (o secuencias de escape, ver esta tabla) con instrucciones de formato. Por ejemplo, “hola mundo!” se codificaría como “hola ESC!8mundoESC%8!” (ESC o escape es el carácter de código ASCII 27), de manera que la impresora, al recibir la secuencia ‘ESC!8’ activaría su modo de escritura en negrita, desactivándolo al recibir la secuencia ‘ESC%8’. Además de que cada modelo de impresora tenía sus propias secuencias de escape, cada vez que se deseaba imprimir un documento debía cargarse e imprimirse desde el procesador de textos con el que se creó.

Distintos juegos de caracteres impresos por una impresora matricial.
Distintos juegos de caracteres impresos por una impresora matricial.

En los 80, con el boom de la autoedición, se requiere imprimir páginas donde se mezclan textos (en varias fuentes y tamaños) y todo tipo de gráficos. Además de pantallas con la resolución necesaria para poder editar/visualizar estos documentos, hacía falta algo más que secuencias de escape para indicar cómo imprimirlos. La solución consistió en pasar de códigos de control dependientes del fabricante a un lenguaje estándar de control de impresoras.

El hito que marcó el cambio de paradigma en la impresión digital de documentos vino por parte de los fundadores de Adobe con PostScript, un lenguaje de descripción de páginas cuyos comandos están pensados para indicar a la impresora qué debe imprimir. Así, al mandar imprimir un documento desde su editor, se genera un archivo Postscript con las instrucciones necesarias para que cualquier impresora que sepa interpretarlas pueda entonces generar su versión en papel; la Apple Laserwriter (1985) fue la primera impresora PostScript. También se desarrolló software que interpretaba el contenido de archivos PostScript para visualizarlos en pantalla sin necesidad de una impresión en papel.

Apple Macintosh, la impresora LaserWriter, y PageMaker, el programa para Apple Macintosh que en 1985 inauguró la era de la autoedición o desktop publishing.
Apple Macintosh, la impresora LaserWriter, y PageMaker, el programa para Apple Macintosh que en 1985 inauguró la era de la autoedición o desktop publishing.

Sin embargo, PostScript describe un documento como una sucesión de páginas independientes, y pronto se vio la necesidad de tener algo de más alto nivel para describir documentos, no sólo páginas. Las ventajas de trabajar con documentos son indudables: se pueden incluir metadatos (autor, fecha de creación, etc.), los tipos de letra que deseamos emplear, y, en definitiva, se puede manipular el documento como si fuese una entidad con unas propiedades concretas que podrían observarse y manipularse. Esa fue la clave para la aparición del célebre Portable Document Format (formato portátil de documento) o PDF.

PDF fue desarrollado por Adobe en 1993 como formato universal (y abierto desde 2008) “para presentar e intercambiar documentos de forma fiable, independiente del software, el hardware, o el sistema operativo”. Su objetivo es describir el documento tal y como se mostrará una vez impreso, sea cual sea la impresora utilizada. La diferencia con Postscript es que, en lugar de hacerlo mediante instrucciones de dibujado de bajo nivel, PDF utiliza conceptos de alto nivel como cabecera, cuerpo, referencias cruzadas, etc. De hecho, es frecuente que para imprimir un documento PDF se transforme previamente en un documento PostScript que es el que se envía a la impresora.

El icono de los archivos PDF.
El icono de los archivos PDF.

Hoy en día nadie se extraña cuando le piden que envíe un presupuesto, las entradas de un espectáculo, una tesis de máster, o cualquier otro documento, “en un PDF”. Debe saber que detrás de ese formato hay un gran esfuerzo unificador que ha permitido que la gestión del contenido digital sea mucho más sencilla en lo que se refiere a impresión y conservación, puesto que actualmente gran cantidad de documentos se conservan en PDF y no en papel; muchos documentos PDF nunca se llegan a imprimir sino que se visualizan en pantalla. Todo apunta a que este formato va a permanecer entre nosotros por mucho tiempo, aunque en Informática, como saben, la eternidad es más bien corta.

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Buzz Aldrin le muestra al mundo la primera selfie desde el espacio

“Fue una selfie bastante costosa” dijo el astronauta en su cuenta de Twitter. ¡Revisa la fotografía!

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FayerWayer-César Muñoz

Tras recibir el comentario de un usuario de Twitter que evidenciaba los deseos de haber visto a Aldrin tuiteando, el astronauta salió al paso mencionando que él fue el primero en tomarse una selfie del desde el espacio.

Ayer se celebró el Día mundial de la Selfie (porque sí, existe). La jornada sirve para revisar los autorretratos más graciosos o llamativos del mundo. El día también sirvió para conmemorar la que ha sido catalogada como pionera en el género.

El usuario de Twitter, Fred Bones, emitió un mensaje para el conocido astronauta Buzz Aldrin, mencionando: “Me hubiera encantado ver a @TheRealBuzz tuiteando desde la Luna. Eso solo habría hecho que valga la pena el viaje”.

Aldrin no se demoró demasiado en responder y reivindicó sus hazañas, escribiendo:
“¡No hay tweets, pero hice la primera selfie desde el espacio! ¡Fue una costosa selfie con stick!”


Aunque Aldrin no lo mostró en el tuit, te dejamos la histórica fotografía:

Aldrin le muestra al mundo la primera selfie desde el espacio

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Las llaves de los vehículos están a punto de desaparecer

Una nueva especificación de la CCC permitirá ofrecer llaves digitales con todos los vehículos y smartphones.

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Publicado

en

Hipertextual-Nicolás Rivera

El Consorcio de Conectividad de Coches (CCC) ha completado el primer paso hacia la desaparición de las llaves en los vehículos. Gracias a la nueva especificación Digital Key —llave digital, en castellano—, recién anunciada por el consorcio, los fabricantes de automóviles y dispositivos móviles contarán con un estándar uniforme y homogéneo para toda la industria.

En este consorcio se encuentran empresas como Audi, BMW, General Motors, LG, Apple, Panasonic, Hyundai, Panasonic, Samsung, Volkswagen, DENSO, Qualcomm y NXP, entre muchos otros.

Las principales empresas de automóviles y tecnología están dentro del consorcio.

La especificación desarrollada por el consorcio se apoya sobre la tecnología NFC, presente en un amplio abanico de dispositivos actuales (teléfonos móviles, relojes inteligentes, etc.). Esta permitirá bloquear y desbloquear las puertas, encender el motor y compartir el acceso a vehículos con otras personas.

De cara a los servicios de carsharing como Emov o Car2Go, los cuales han ganado popularidad y tracción en grandes ciudades como Madrid, la llegada e implementación de esta llave digital supone una excelente noticia.

La llegada de las llaves digitales supone una excelente noticia para los servicios de carsharing.

El consorcio, según expone, ya trabaja en una segunda versión de esta especificación, y se espera que sea “congelada” durante el primer trimestre de 2019. En paralelo, los fabricantes de automóviles también trabajan en la implementación de estos sistemas en sus próximos vehículos.

“Estamos convencidos de que la estandarización de llaves digitales fomentará la digitalización de servicios de movilidad como el carsharing, el alquiler de vehículos y el manejo de las flotas”, aseguró Christine Caviglioli, vicepresidente senior en Gemalto.

Los vehículos del futuro deben construirse sobre estándares

Junto con la revolución autónoma y eléctrica, los vehículos están adoptando cada vez más tecnologías externas en busca de una experiencia más moderna, cómoda y satisfactoria para sus clientes. Muchos ya denominan a los coches del futuro como “smartphones con ruedas”, y, desde un punto de vista simplista, no les falta razón.

Sin embargo, en ese camino hacia el coche del futuro, uno de los requisitos imprescindibles ha de ser la estandarización de tecnologías abiertas y libres como la llave digital. De la misma forma que la industria tecnológica, durante años, ha estandarizado conectores y protocolos de conectividad, la industria del automóvil, en su particular adopción tecnológica, ha de abrazar el consenso y el asentamiento de estándares comunes en pro de un futuro mucho más abierto, sencillo y dinámico —tanto para las empresas como para los propios consumidoresgyh

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