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El Centro para Humanizar la Tecnología, formado por exdirectivos de Google y Facebook, quiere analizar el impacto en la salud de los niños

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Cromo

El Centro para Humanizar la Tecnología, creado en el 2014 por profesionales del sector tecnológico y redes sociales de Silicon Valley, celebrará su primer acto público este miércoles que consistirá en una conferencia titulada “La verdad sobre la tecnología. Cómo consigue tener a los niños enganchados”.

En el manifiesto fundacional, sus integrantes consideran que se trata de una alerta social: “Lo que percibimos como una adicción es parte de algo mucho más grande. Es parte de un problema invisible que afecta a toda la sociedad. Facebook, Twitter, Instagram y Google han creado productos que han tenido un impacto positivo en todo el mundo. Pero estas empresas también han creado una carrera de suma cero por nuestra atención infinita. Lo necesitan para hacer dinero, forzados a rendir más que su competencia, usan técnicas de persuasión para mantenernos pegados. Como los news feeds creados con inteligencia artificial, las notificaciones y más comportamientos para potenciar este uso”.

El Centro para Humanizar la Tecnología cuenta entre sus filas a Tristan Harris, exdiseñador de ética de Google, y Roger McNamee, exasesor de Mark Zuckerberg en la creación de Facebook.

El Centro para Humanizar la Tecnología defiende que “Snapchat convierte las conversaciones en rayas, redefiniendo cómo nuestros hijos miden la amistad. Instagram glorifica la vida de la imagen perfecta, erosionando nuestro valor propio. Facebook nos segrega en cámaras de eco, fragmentando nuestras comunidades. YouTube reproduce automáticamente el siguiente video en cuestión de segundos, incluso si comes o duermes. Estos no son productos neutrales. Están diseñados para crear adicción”.

Este movimiento se une a las declaraciones recientes de Tim Cook, CEO de Apple, que prefería que su sobrino se mantuviese lejos de las redes sociales.

Pero hay más: Sandy Parakilas, exdirector de operaciones de Facebook; Lynn Fox, que estuvo al frente de la comunicación en Apple y Google; y Dave Morin, directivo de Facebook. También participa del movimiento Justin Rosenstein, creador del botón de Me Gusta y hoy cofundador de Asana; Aza Raskin, quien ayudó a construir la web de Mozilla y Jef Raskin, quien creó el proyecto Macintosh en Apple.

Sean Parker, primer presidente de Facebook, uno de los personajes más polémicos del sector, también se ha mostrado crítico: “Solo dios sabe lo que hace en el cerebro de nuestros hijos”.

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Las fotos privadas de Facebook igual podrán ser usadas en una corte

Si tienes Facebook, es posible que ya te hayas hecho a la idea de que la privacidad realmente no existe. Y ahora una jueza de Nueva York lo confirma

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FayerWayer-Elizabeth Legarreta

Facebook no es y nunca ha sido el mayor ejemplo de privacidad en el mundo. Y ahora está más lejos que nunca de serlo. Por eso, siempre recuerda pensar dos veces antes de subir algo al basto mundo de las redes sociales.

El día de ayer, martes 14 de febrero, un Tribunal de Apelaciones de Nueva York, Estados Unidos, dictaminó algo que podría cambiar muchas cosas. Resulta que si te están juzgando por un delito en el país del norte y tus fotos privadas o información de Facebook es relevante; tendrá que ser entregada.No importan los acuerdos y configuraciones de privacidad.

El caso que comenzó a derrumbar la privacidad en Facebook

Todo comenzó en Manhattan. Una mujer cayó de un caballo y quedó discapacitada. Entonces demandó al dueño del animal por negligencia al momento de ajustar el asiento. Su defensa exigió que se le entreguen fotos que la mujer habría subido a Facebook antes y después del accidente.

Entonces comenzó la polémica: ¿Qué información merece tener protección de privacidad y cuál no? La jueza a cargo de este caso dictaminó que es apropiado pedir aquellos materiales “razonablemente calculados” que puedan servir como evidencia.

Posteriormente, dicho dictamen fue apelado; pero el Tribunal de Apelaciones lo restableció de manera unánime; decisión que ha sentado un precedente.

Henkin, el acusado; busca tener acceso a la cuenta privada de la demandante y después de una larga batalla legal; por fin podría conseguirlo. 

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CULTURA DIGITAL

Facebook, Twitter, Instagram y WhastApp: ¿cuántos seguidores tienen?

Cuatro de las principales plataformas sociales más exitosas pertenecen a la misma empresa

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ABC – J.M. Sánchez

Dicen que las líneas aéreas tardaron la friolera de 68 años en acumular sus primeros cincuenta millones de usuarios. La televisión, uno de los inventos más reseñables del siglo XX, lo logró en tan solo veintidós. El teléfono móvil, posiblemente lo más revolucionario que le ha sucedido a la sociedad en siglos de existencia, tuvo que experimentar doce años para escalar hasta ese podio. Las redes sociales, sin embargo, han acortado esos plazos.

En la economía de las aplicaciones y servicios digitales, marcas como YouTube, esa plataforma de videos que a su alrededor viran los nuevos creadores de contenido, registró sus primeros cincuenta millones de usuarios en solo cuatro año de existencia. Un gran logro, eclipsado sin embargo por otras marcas como Facebook (lo hizo en tres años) y Twitter (en dos años). Uno de los mayores fenómenos de los últimos años, el videojuego móvil «Pokémon Go», marcó una cifra aún más corta: ¡¡19 días!!

El debate es irreal y ficticio, en realidad, puesto que los productos y servicios que alcanzaron con anterioridad al tsunami digital los cincuenta millones de clientes intervenía el pago como elemento diferencial. No es lo mismo, en efecto, pagar por algo que hacerlo de manera supuestamente gratuita. El gran logro de las plataformas sociales ha sido enmascarar un negocio rentable bajo su consumo por necesidad.

Las redes sociales han cautivado a la sociedad. La ha empujado a un nuevo hábito que se maneja de manera casi inconsciente; compartir contenido, mirar fotografías publicadas por personas ajenas (algunas, incluso, que no guardan relación de amistad en la vida real), escribir sobre cualquier cosa (la que sea, en efecto). Un mundo del que firmas como Facebook han sacado provecho. La multinacional estadounidense acumula más de 2.130 millones de seguidores en todo el mundo. Que se dice pronto, pero que representa una cuarta parte de ese planeta que siempre ha mirado más allá de la luna.

Su crecimiento es de verdad incuestionable. Incuestionable y exponencial, marcando siempre un ritmo vertiginoso, rompiendo récords y siempre apuntando hacia el infinito. No ha habido techo que se le resista en sus catorce años de existencia. Ni tan siquiera la crisis de las «fake news» y su posible complacencia sobre la injerencia rusa en las elecciones presidenciales le ha pasado factura. Al menos en parte, porque en el último trimestre se ha dejado más de un millón de usuarios en su principal territorio, EE.UU. ganado sin embargo a nivel global. Que la plataforma haya reducido en más de 50 millones de horas el tiempo dedicado entre sus usuarios tampoco representa ningún caos.

Eso sí, las previsiones no son tan optimistas. Los expertos apuntan a que a partir de ahora (se irá viendo a lo largo de 2018) Facebook se encontrará en un problema gordo por culpa de la brecha generacional. La mayoría de sus usuarios serán personas que rondan los cincuenta años. De nuevo, una cifra redonda, pero que marca un punto de inflexión en su trayectoria. Nadie puede criticar la falta de visión de su fundador, Mark Zuckerberg, en este negocio. La persona que ha creado una necesidad, que de una motivación sexual (acuérdense de cómo surgió Facebook) y que se ha convertido en una de las personas más ricas del mundo tiene muchos ases debajo de la manga.

Que luego no digan que el dinero no da la felicidad. La compra de Instagram, conocida red de fotografías, se ha llevado parte del pastel en ese trasvase generacional de usuarios. Con unos 800 millones de usuarios registrados, es uno de los servicios que más ha crecido en los últimos años y ha cautivado a un nuevo público. Su mayor aportación es la de haber creado una nuevas narrativas sobre algo que ya formaba parte de la vida de millones de personas, la fotografía. Y como en cualquier aspecto de la vida hay quien le encuentra el negocio, la camada de «instagramers» e «influencers» que ha aparecido han ganado dinerito gracias a acumular seguidores y a las marcas comerciales que encuentran ahí a su público potencial.

No hay que olvidarse de Snapchat, una de las pocas aplicaciones que ha puesto nervioso a «Zuck» en todo este tiempo. Su capacidad disruptiva, su original puesta en escena y el haber creado nuevos patrones sociales ha agitado los cimientos de las redes sociales y los servicios digitales. Con más de 300 millones de usuarios, la mayoría jóvenes e inquietos que desean sentirse alejados de sus padres, es otra de las que más ha crecido. Eso sí, se ha encontrado en la oposición a un gigante en forma de «Me gusta», que ha venido copiando algunas de sus funcionalidades más innovadoras (la mensajería efímera) a sus servicios. Ha llegado a Facebook, a Instagram y también a WhatsApp, de la que es propietario.

Porque la conocida «app» de mensajería también ha roto moldes. Fue criticada por su escasa seguridad tecnológica. En sus inicios se colapsaba casi diariamente. Pero ha creado escuela: mandar un mensaje por el móvil, al menos en España, no es mandar un mensaje por el móvil; es mandar un «wassap». Aprovechó la oportunidad de las infraestructuras de red, allanando el camino de las OTT -servicios Over-The-Top, aquellos que se brindan a través de internet- y condenando a los tradicionales SMS o mensajes de texto a un segundo plano, las comunicaciones oficiales.

Con más de 1.500 millones de seguidores en todo el mundo,es sin duda uno de los reyes digitales y la primera aplicación que se descargan los españoles cuando encienden por primera vez su dispositivo móvil. Está hermanada con Facebook Messenger (1.200 millones de usuarios), gracias en parte a que se ha convertido en el laboratorio de la compañía para probar futuras funciones y al separarse de la red social. WeChat (980 millones de usuarios), Telegram (100 millones de usuarios), Kik (300 millones de usuarios) Line (220 millones de usuarios), Skype (300 millones de usuarios) o Viber (263 millones de usuarios) son algunas de sus principales competidores, aunque no tienen mucha penetración en España.

Twitter, la conocida red de micromensajes, es ese servicio que todo el mundo sabe que existe, pero que pocos están dentro. Casi no crece a nivel de usuarios (330 millones, según el último balance oficial), pero al menos ha logrado que después de doce años la empresa sea rentable. Por primera vez ha ganado dinero (91 millones de dólares), lo que permite tranquilizar a los inversores. Es el patio de recreo, el lugar de la última hora, la red de la información. Pero aún así, no ha cautivado al público masivo. Dice su fundador y actual consejero delegado Jack Dorsey que el servicio es aún difícil de utilizar. Tal vez.

En los últimos años ha virado hacia las retransmisiones en directo de eventos, ha creado nuevas formas de interacción, nuevos códigos de conducta, ha aprendido del uso que sus usuarios le han dado a la plataforma. Todo ello en un paquete que quiere diferenciarse en base a su propia naturaleza. Aún así, forma parte del parque de servicios más populares. Entre algunas que se mantienen se encuentran LinkedIn, la red de los profesionales, que acumula unos 467 millones de seguidores; y Pinterest, con unos 200 millones de usuarios. En el cementerio digital se encuentran reposando decenas y centenares redes sociales que tuvieron su minuto de gloria. Marcaron, con todo, el camino al que hemos llegado. Apuntaron maneras, pero se vaciaron. Quién recuerda ya a MySpace, Google Plus, Foursquare, Tuenti o Flickr.

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CULTURA DIGITAL

Este es el método para ver los mensajes eliminados de WhatsApp

Con un sencillo «truco», el mensaje pemanece aunque el emisor lo borre para todos los demás, incluso en los grupos

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ABC

La esperada función de WhatsApp de borrar mensajes ha sido una de las más aplaudidas por sus usuarios, que tienen un margen de siete minutos para pensar si quieren retractarse de sus comentarios o no. Aunque aparezca el aviso de «este mensaje fue eliminado», nuestro destinatario (o destinatarios) nunca sabrán qué es lo que escribimos. ¿O sí?

Existe una forma para poder mantener los mensajes eliminados sin instalar otra aplicación, tan solo realizando un sencillo gesto: contestar. Si se cita un mensaje antes de que este se borre, el mensaje quedará visible a pesar de la intención de su destinatario de eliminarlo.

Funciona tanto para conversaciones individuales como en grupo, aunque es mucho más eficaz en las segundas, ya que el mensaje eliminado quedará a la vista de todos los integrantes. Así, aunque el emisor borre el mensaje, quedará reflejado en la contestación y cualquiera podrá verlo, incluso los que no llegaron a la frase primigenia.

Sin embargo, tiene algunas limitaciones: si el mensaje es muy largo, solo reflejará las primeras líneas, por lo que no es infalible cien por cien. Tampoco es un fallo de la aplicación, simplemente un método para no perderse en las conversaciones. Veremos si WhatsApp decide tomar medidas al respecto.

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